Los elementos pueden leerse como un lenguaje simbólico para observar estabilidad, emoción, voluntad, pensamiento y la conciencia que integra todas esas fuerzas.
La Nueva Era puede entenderse como una invitación a despertar criterio, sensibilidad y responsabilidad, no como una colección de promesas rápidas ni de palabras luminosas.
Los cuerpos celestes pueden contemplarse como símbolos de ritmo, expansión y evolución, invitando al alma a pensar su camino dentro de una escala mayor.